Canción de la semana

Soledades Diecinueve: Frail

viernes, 17 de diciembre de 2010


El camino es duro, y de nuevo me siento desfallecer. Hoy me he dado cuenta de que soy frágil, que no soy capaz de soportar todo lo que se cierne sobre mis espaldas. En los últimos días he tenido que ayudar a otras a llevar su cruz, pero ni siquiera tengo fuerzas para aguantar la mía. Trato de convencerlas de algo que ni tan sólo yo me creo.

Y no lo entiendo… ¿Por qué todo el mundo lo hace tan fácil? ¿Es que tras sentirse abandonada sólo necesitas dos días para encontrar un recambio?

Busco la explicación a un sinsentido. ¡Isolda! ¿Dónde estás? Despiértame de una vez de esta pesadilla… Y me veo, riendo sarcástico, tratando de esconder un llanto desconsolado. Haciéndome trocitos de cristal. Con un nudo en la boca y una angustia en el corazón.

Mendigando por un cariño que jamás llegará, mientras otras olvidan a fuerza de “limoncello”. ¡Qué injusta es la vida, Isolda! Mientras tú llegas, estoy frente al más agudo de los puñales.

No me dejes solo; no me abandones…

Tristán

El regalo más grande

lunes, 13 de diciembre de 2010


Tus verdes ojos son esperanza,

Una luz que brilla en mi oscuridad.


En tus manos encontré esperanza,

Respeto, cariño y comprensión;

Es como si mi vida cobrara sentido

Si tú te quedas aquí, junto a mí…


Muchas veces me he sentido tan solo

Ignorando el tesoro de tu voz…


Esperaba que ocurriera algo grande

Sintiendo cada día lo peor;

Tiritando de frío y de soledad,

Rindiéndome a la amargura de un adiós.

En cambio, un día comprendí

La auténtica razón de mi existencia;

Lo que realmente yo siento

Ahora estoy seguro que lo sé:


“en mi vida, el milagro eres TÚ”

Si yo fuera...

jueves, 2 de diciembre de 2010

Si yo fuera el silencio,

rondaría con dulzura tus desvelos

procurando, a cada instante,

convertir cada infierno en sueños.


Si yo fuera la brisa,

mecería, delicados, esos ojos

mar de turquesas verdes;

rubíes de inciensos rojos.


Si yo fuera el tiempo,

detendría mis rabiosos movimientos

para así contemplarte

y hacerte diosa de los cielos.


Si yo fuera el espacio,

guardaría bajo llave aquellos labios

perfume de los ángeles;

de todos los placeres, el delirio.


Pero sólo soy un muerto

que respira sangre y solloza estiércol

mientras ve cómo tus pasos

se ofuscan, tristes, en el recuerdo.


Y siento angustia, pena y miedo

descarada desvergüenza de mi esmero;

pues asisto, impasible, a tu partida

mientras aguardo, ingenuamente, tu regreso.