Fuente de fotografía: http://espanol.istockphoto.com
Tanto tiempo vagando en el desierto… Tanto tiempo buscándote, amada Isolda, he escalado montañas, he atravesado valles y bosques, he palpado el frío de la soledad… y todo en busca de unos ojos, de unos labios, de unas manos que supieran comprenderme.
Durante tantos pasos, mis sandalias acabaron roídas por el desgaste del olvido, y mis vestidos rasgados, por la crudeza de la indiferencia… amada mía, he estado a punto de desfallecer y cejar en mi empeño de encontrarte. Esto era demasiado para mí. Sentía que me flaqueaban las fuerzas…
Pero cuando todo parecía perdido, la vida me tendió la mano y me ofreció una tregua. En medio de aquellas dunas, de aquella arena áspera e inerte, se abrió ante mis ojos un lugar maravilloso: repleto de árboles verdes, con unos frutos dulces y jugosos; al fondo, una inmensa cascada de agua cristalina que parecía nacer y perderse en ningún lugar, y una suave brisa que mecía mis ropajes al son de unos movimientos mágicos. El agobiante sofoco de antaño se había convertido en un cálido frescor, como de unas manos que me abrazaban y me invitaban a probar de todo cuanto el lugar guardaba en su seno.
A lo lejos, una sombra me animaba a seguir mi camino:
- No es bueno abusar de lo que no nos sobra –me dijo. – Quizás puedas volver a refrescarte a lo largo de tu camino. Ahora, vete.
Y aquí sigo, caminando y luchando por sobrevivir; por encontrarte. Reanimado por la breve paz de aquel paraíso y confuso, por las palabras de aquel ente etéreo.
∞Tristán∞
0 susurros:
Publicar un comentario en la entrada