Canción de la semana

Reflexiones de hoy (III): Libertad de expresión

jueves, 30 de octubre de 2008

Leía esta tarde que un tribunal sirio ha condenado a 12 personas, entre ellas un enfermo de cáncer, a 2 años y medio de prisión por lo que allí consideran delitos políticos; más específicamente, por organizar una manifestación en defensa de la libertad de expresión y la consiguiente promulgación de una Constitución democrática.


Como siempre, una noticia como ésta me ha dado que pensar. Esto se une a una enriquecedora conversación que he tenido esta misma tarde en la residencia con un par de personas, en que hemos hablado de muchas cosas: la Iglesia, el aborto, la eutanasia... Ha sido una conversación espontánea, que ninguno de los que estábamos en aquella sala habíamos premeditado, pero cuando hemos sido conscientes de la hora, se había llegado el momento de cenar.
Conveníamos todos en que ese tipo de actividad es muy propia y saludable para los universitarios y yo exponía mi parecer: creo vital que una persona con estudios superiores le dé vueltas al coco de vez en cuando y se interrogue por cuestiones de importancia y sea consciente de la realidad que le rodea. Además, proponíamos incluso la posibilidad de plantear temas de debate para abrirlo al resto y realizar intercambios de ideas con cierta frecuencia.

A nadie se le escapa que una discusión argumentada y serena es la base de toda sociedad que se precie. De la confrontación de pareceres nacen los grandes avances, tanto a nivel individual como colectivo.
Pero, por desgracia, esto no es posible en todos los lugares del planeta, como se ve. A menudo no reparamos en este tipo de noticias, yo el primero, y no llegamos a percibir el alcance de lo que esto significa. En muchos lugares del mundo, cada uno no puede decir lo que piensa, por mucho que éste respete lo que dicen los demás; simplemente, o te atienes a lo oficialmente impuesto o no encajas y, en muchas ocasiones, eso no trae consecuencias demasiado agradables.

Me gustaría, una vez más, que comentáseis aquello que os sugiere esto y qué soluciones o medidas creéis que serían necesarias para garantizar que, dentro del respeto, cada uno pudiese opinar en libertad.

Fuente: http://www.europapress.es/internacional/noticia-tribunal-sirio-encarcela-doce-personas-pedir-libertad-expresion-20081029093048.html

A contrarreloj

jueves, 23 de octubre de 2008

(Continuación de "Confesión tardía")

-"Vamos, estúpido, saca el cuerpo de la chica y recoge sus cosas. Hay que llamar al jefe. Que Alá nos proteja".
Aquel hombre de tez morena, ojos y cabello negros y unos 35 años de edad hizo lo que su mentor le había dicho. Escogió una gran lona de plástico de entre los objetos que se encontraban en el Mercedes y envolvió a aquella inocente, previsiblemente muerta, antes de proceder a cargarla en la trasera del vehículo. Después recogió una pequeña cartera de cuero marrón, que estaba tirada en el salpicadero del coche siniestrado.
-"¿Creéis que estará muerta?" -dijo el más bajo. - "Corre y déjate de cuentos. No nos queda mucho tiempo." -se exasperó el otro.

.....
No era consciente de cuánto tiempo había pasado desde la última vez en que había sido plenamente consciente de mis actos, quizá un minuto o una hora o un día.
El silencio seguía reinando afuera y las esperanzas de que alguien me encontrara con vida se habían desvanecido con la última noche: ahora sólo pretendía morir solo, en paz. En ésas estaba, casi en el delirio, cuando me pareció distinguir unos pasos tras los muros de aquel sombrío lugar, como acercándose.
Casi instintivamente cerré los ojos y me acurruqué en un rincón, no sé muy bien si queriendo simular un sueño o la cada vez más ansiada muerte.
De súbito, se abrió la puerta de aquel antro y, queriendo salir de allí, traté de incorporarme y escapar. La luz exterior me cegó casi por completo, pero tras unos instantes de absoluto desconcierto, fue cuando fui realmente consciente de mi situación. Además de todo lo que había sido capaz de averiguarme en la oscuridad, descubrí con horror cómo habia perdido mi dedo meñique de la mano izquierda y mi rodilla derecha parecía haber salido de su lugar natural.
-"Ahí tienes a tu amiguita socio." -En ese momento un gran envoltorio de plástico apareció ante mí y uno de los dos de la puerta lo arrastró hasta que quedó al alcance de mi mano.
-"Espero que os divirtáis mucho." -Y una carcajada burlona nos dejó sumidos de nuevo en la negrura.

Con un tremendo dolor, casi infringido por el conocimiento real de mi estado, fui reptando hasta colocarme sentado junto a aquel extraño bulto, que parecía inerte. Al mover la pierna herida noté como el fémur crujía ante mí y un aullido feroz se escapó de mi boca.
Cual si de un beso de un príncipe se tratara, aquel terrible grito me pareció que hizo reaccionar a mi nuevo compañero. -"Dios santo..."
Acaparando fuerzas de flaqueza roí, rasgué, mordí, arranqué y rajé cuanto pude lo que me pareció un material irrompible. Tras unos momentos que me parecieron horas, comprobé horrorizado qué se hallaba ante mí:
-"¡¡Lucía!!, ¿eres tú?"
Al descubrir la voz conocida, aquel cuerpo sin alma pareció revolverse entre sus cenizas y un leve gemido salió de su boca. -"No puede ser, a ti también..."
Me moví por el suelo de aquel habitáculo tan familiar para mí. Recogí un poco del agua que una de las piedras filtraba en la parte posterior a donde yo me encontraba y se la acerqué a los labios en aquel recipiente improvisado, hecho con el plástico que acababa de destrozar.
Al palpar su frente noté que estaba muy fría. Traté de darle calor con mis manos y entreabrí esa boca que antaño había besado, para insuflarle ahora los últimos resquicios de vida que a mí me quedaban... Recogí todo el material que había esparcido por el suelo y tapé a la antigua fiscal, intentando desesperadamente que recobrara la consciencia.
Entonces, abrió los ojos. Un rayo de luz potente y blanca iluminó entonces aquel zulo, o mi mente. Parecí ver una sonrisa en sus labios.
-"Lo sient..." -trató de decir, pero antes de que dijera nada mis dedos habían sellado el poco aire que sus pulmones aún pudieran retener.
-"¿Recuerdas cómo te llamas, quién soy yo?" -inquirí preocupado.
-"Claro que sí, cari" -respondió, suave. -"Lo que no sé es por qué me has recibido hoy en este lugar tan extraño y no en tu casa, ¿es que tu mujer sospecha de nosotros?".

Aquello era lo único que nos faltaba...

Continuará

NC VI - Títulos con faltas

domingo, 19 de octubre de 2008

Según publican varios medios de comunicación en el día de hoy, un número importante de universitarios no superaría el llamado listón gramatical que, antaño, se aplicaba para el ingreso en bachillerato y que establecía que dos faltas de ortografía o tres de puntuación acarreaban el suspenso de la prueba o el examen en cuestión.


Para algunos docentes, esto es consecuencia exclusiva del sistema educativo, que ha descuidado el estudio de la lengua y para otros, es un efecto de un cambio en el concepto social, que ya no considera indispensable escribir bien para el desarrollo intelectual y el éxito social y profesional del individuo.

Este acuciante problema comienza a derivar en la importante dificultad que tienen los universitarios para encontrar trabajo y ya en algunos sectores profesionales (sirvan de ejemplo los despachos de abogados Garrigues o Gómez Acebo y Pombo) se han implantado libros de estilo para mejorar la calidad de la comunicación de sus empleados.

Más lejos de un simple hecho anecdótico, se observan estas carencias gramaticales en todos los sectores universitarios, incluidos aquellos de un supuesto mayor nivel intelectual.

Pese a que no existen estudios fehacientes, muchos expertos achacan esto a la entrada en vigor de la LOGSE (1990) que amplió la enseñanza obligatoria hasta los 16, produciendo según estos un deterioro del cuidado del lenguaje no cubierto satisfactoriamente por los años de bachillerato.
Para otros, este descuido lingüístico se debe a la influencia negativa de los mensajes cortos de móvil y los chats de internet.
En cualquier caso, es un asunto de una gravedad suficiente como para ser tomado en cuenta por los sectores sociales encargados de poner remedio.

Fuente: http://www.elpais.com/articulo/sociedad/Mucho/titulo/pocas/letras/elpepusoc/20081019elpepisoc_1/Tes

Resultado: A la hora de elegir un empleo... valoras

De nuevo, con vosotr@s el resultado de la tercera encuesta realizada en la Buhardilla. En este caso, se han contabilizado 19 votos, teniendo en cuenta que por primera vez la respuesta podía ser múltiple. Estos son los resultados arrojados:

Reflexiones de hoy (II): Seguridad Social

domingo, 12 de octubre de 2008

De nuevo dedico la entrada de hoy a un tema que puede llevarnos a la reflexión, o al menos, eso es lo que intento. Viene a colación de una experiencia que he tenido esta misma mañana. Los rigores del invierno, ya se sabe, me han hecho realizar una visita a los servicios de urgencias de uno de los Hospitales de la ciudad. Sorprendentemente, la atención ha sido rápida; apenas 5 minutos me han demorado en la sala de espera. Un catarro de diagnóstico y un antibiótico y un medicamento para calmar el dolor.
Sin entrar en la distancia entre el Hospital y la farmacia de guardia más cercana, el meollo del asunto llega cuando me dice la amable farmacéutica qué es lo que le adeudo.
Más de mil de los antiguos duros, para entendernos. Como los servicios de urgencia no expiden recetas, hay que pagar el precio íntegro. Eso sí, si les llevo el tíquet, las cajas y las recetas me devolverán el 40%, que es el gasto en medicamentos que asume nuestro sistema de previsión social, la Seguridad Social.
Durante el camino de vuelta me dio por pensar en esto. Nunca me he caracterizado por ser un pesimista, ni tampoco es objetivo de esta entrada crear alarma, pero si la situación económica es tan mala como dicen, y el sistema de Seguridad Social (que reporta subsidios por desempleo, prestaciones por incapacidad, entre otras) se resiente, uno de los campos en los que más se notará es, precisamente, el farmacéutico-sanitario. Y es que pagar ese dinero por dos medicamentos supondría que muchos no podríamos tener acceso a medicaciones de largo alcance temporal.

Me gustaría que vuestros comentarios respondiesen a estas cuestiones: ¿está realmente el sistema de Seguridad Social en alerta?, ¿verías tolerable que una de las primeras prestaciones que hubiera que costearse íntegramente fuera la sanitaria?

Confesión tardía

jueves, 9 de octubre de 2008

(Continuación de "Recluso")

Los hombres del comisario García habían sido ganados en su propio terreno. Un mal posicionamiento en el terreno, junto con la sospechosa actitud de uno de los agentes no activando la voz de alarma, había propiciado que los tres hombres armados inmovilizaran con una exquisita precisión a aquel desgraciado de aspecto demacrado y sucio, con ojeras pronunciadas y con unas canas que parecían fruto de los recientes disgustos que había recibido.
El jefe de la avanzadilla había tratado de cortar el paso a uno de los corpulentos hombres, pero un empujón de éste, terminó por abortar el único esbozo de reacción que los agentes de la Policía habían logrado articular.
Ni los veinte efectivos con un radio de acción de 5 kilómetros a la redonda, ni la unidad motorizada de persecución pudieron seguir el rastro a aquella furgoneta gris de cristales tintados más allá de 2 kilómetros largos por lo que, tras el desconcierto inicial, sólo quedó un amargo sabor de boca entre los presentes.
Cuando el comisario García fue informado de lo sucedido una nube negra se cernió sobre sus hombres, y la pequeña vena junto a la parte posterior del cuello, aumentó su tamaño desproporcionadamente.

...

La fiscal Lucía Márquez recibió la llamada del comisario pasadas las 10 y media de la mañana. En la conversación el agente explicó a su interlocutora los pormenores del operativo y el resultado fallido de las actuaciones, poniendo especial énfasis en el hecho de que toda la comisaría central estaba trabajando en la identificación y localización del vehículo a la fuga. Se citaron en las dependencias policiales media hora más tarde.

Lucía recabó todos los documentos en su poder, en relación al asunto que les concernía, así como unas esclarecedoras fotografías que nunca habían salido a la luz. "Estoy segura que todo esto aportará muchos datos que podrán resolver parte del misterio, aunque ya sea demasiado tarde", se dijo. Tenía la intención de contar toda la verdad y hacer todo lo que estuviera en su mano para que todo aquello terminara de una maldita vez, costara lo que costara y sin importar a quién se llevara por delante, aunque la perjudicada fuera ella misma.
Recogió de su escritorio todas las pruebas que retenía del escabroso asesinato de la novia de Lorenzo de Celis, hijo del todavía juez de lo Penal de la Audiencia Provincial, Mariano de Celis. Seguido, encendió su ordenador para buscar un formulario de declaración jurada y se puso a imprimirlo. En él, contó cómo ella misma había visto a don Darío Román en aquel Congreso sobre Derecho Penal e Investigación Privada, organizado por las Universidades de Salamanca y Complutense de Madrid.
Aunque no estaba muy segura de su veracidad ni de su valor jurídico, relató cómo don Mariano de Celis, juez competente en el "caso Jamaica", un escándalo sobre una red de prostitución y blanqueo de capitales, experimentó un repentino cambio de actitud con respecto al principal acusado, Mohammed Al Mansr, tras la segunda sesión de juicio oral y expuso finalmente sus dudas racionales sobre las cuentas fiscales del acusado, que había volatilizado 10 millones y medio de euros 48 horas antes del inicio de la vista, cuyo paradero era dos años después, desconocido.
Firmó el papel que tenía en sus manos procurando que siguiera todas las formalidades requeridas para su validez y metió todo el material en su cartera de trabajo. Miró el reloj. Faltaban 10 minutos para la cita con el comisario García.

Bajó apresuradamente hasta el garaje y cogió su coche. La comisaría distaba unos 3 kilómetros de la vivienda de la fiscal y decidió realizar el trayecto evitando las vías principales de la ciudad, tratando de huir de atascos y complicaciones.
Apenas faltaba una manzana para llegar a su destino cuando un Mercedes Clase A verde oliva, con matrícula BZX se saltó un semáforo en rojo ante el asombro de Lucía. El coche, que transitaba en un carril en sentido contrario a ellla, siguió su camino a una velocidad endiablada. "Tengo que llegar pronto"...

Pero antes de que pudiera ser consciente de este pensamiento en el aire, el dichoso Mercedes aparecía rugiendo furioso tras ella. El muro de piedra no tuvo piedad de su coche... ni de su cuerpo.

Continuará

Soledades Cuatro: Esta tarde vi llover...

martes, 7 de octubre de 2008

Esta tarde vi llover, vi gente correr y no estabas tú...

Esta tarde vi llover, amigo, mientras contemplaba impávido el transcurrir del tiempo. Primero unas nubes que amenazaban el cielo, y con él, a todos cuantos nos refugiamos en él.
Llovía mientras leía relatos enternecedores en otros rinconcitos como éste. Hablaban del otoño, de la ilusión perdida, del amor... y en cada palabra podía verme a mí mismo recitando en voz tenue todas aquellas ideas enmudecidas y desordenadas.

Canciones melancólicas y, sin embargo, serenas. Como aquella voz apagada por el cansancio, cuyos gritos apenas si oyen sus propios oídos. Y parece que todo lo que mis ojos descubrían en esas líneas estaba especialmente escrito para mí; como si tras ese Cristal o en aquella otra Buhardilla la inspiración de mi vida se hubiera posado a descansar.

Esta tarde vi llover, amigo. Agua de espera intranquila, de desilusiones cortadas por la esperanza. Pero todo seguía gris. Y claro que vi gente correr, en mis pensamientos, en mis ilusiones aún latentes...

Mi mente seguía su curso.
"...Y no estabas tú".

Pero, casi obra de un milagro, aquella tarde vi lucir el sol.

Recluso

jueves, 2 de octubre de 2008

(Continuación de "El puzzle")

Estaba milagrosamente vivo. Aunque había perdido la noción del tiempo, creí precisar que habían pasado aproximadamente 2 horas desde aquella brutal paliza que me habían propinado los tres hombres con bates, puños americanos y cadenas. Todo había sucedido lo suficientemente rápido para que, entre los dos esbirros, me cogieran, amordazaran y hacinaran en la trasera de una pequeña camioneta sin cabina. Los hombres del comisario García no debían estar preparados, porque cuando quise escuchar la sirena, o eso me pareció, ya estábamos muy lejos del lugar.
En el interior del vehículo siguieron infringiéndome golpes, empujones, cortes y vejaciones, mientras el conductor se dirigía en árabe a su copiloto, en quien reconocí al autor de la llamada del hotel de la noche anterior y al interlocutor de aquella llamada... en la cárcel, dos años atrás.

Cuando recuperé el conocimiento, me encontraba en un zulo húmedo, con un hedor a putrefacto característico de un lugar abandonado muchos años atrás y sin ropa. Sólo cubierta una pequeña zona por mis boxer azules, con remate elástico. El habitáculo, si apenas tenía 4 metros cuadrados, era de techo bajo, algo menos de 1,50 metros, y sin agua ni luz; salvo la que se adentraba, tenue, por una pequeña resquebrajadura de la piedra caliza, en una de las esquinas del lugar.
La única decoración consistía en las telas de araña que colgaban de las esquinas y techumbre y un color verde negruzco, derivado del moho y el paso inexorable del tiempo.
Cerré los ojos y agucé el oído, para intentar reconocer en el exterior algún sonido conocido o no, pero que me permitiera al menos suponer la presencia de personas o algún elemento, para intentar situarme de modo alguno.
Aunque era perfectamente consciente de que era esfuerzo en vano, pues apenas conocía los alrededores de aquella hostil ciudad en la que, gafe de mí, había dado hacía algunos días.

De súbito, casi sin quererlo, me vino a la mente la imagen de la playa por la que había paseado a mi llegada a la ciudad, rodeado de sombrillas y niños retozando, y creí entonces identificar olores y sabores.
Pero tras esa huída mental, mis ojos se acostumbraron a la oscuridad del lugar y pude comenzar a reconocer mi estado, físico y psicológico.
Entonces, un amargo regusto a sangre reseca me acechó de pronto y al palpar con mi lengua, uno de los dientes delanteros se partió y cayó perdiéndose en aquel pequeño, pero endiablado lugar.
Traté de explorarme y descubrí hematomas en brazos, piernas y espalda, un ojo hiperbólicamente hinchado y una alarmante incapacidad para desplazarme... Ni siquiera había sido capaz de ponerme en pie.
Arrastrándome cual reptil, traté de encontrar humedades recientes en la piedra, a la búsqueda de agua que calmara la terrible sed que sentía y que pudiera adecentar el horrible aspecto de aquel cuerpo magullado.
Pasado un rato de inquietante tranquilidad, comencé inexplicablemente a sentir una sensación mezcla de angustia, claustrofobia y desesperación y, casi instintivamente, comencé a gritar en busca de auxilio, socorro o simplemente de alguien que me pudiera escuchar.

-"¿Hay alguien ahí? -farfullé a gritos. -"¿Hay alguien?"

El silencio respondió burlón. Entonces me di cuenta: estaba solo.

Continuará

Una tarde cualquiera

miércoles, 1 de octubre de 2008


Una tarde cualquiera...

El sol y las nubes pugnan por reinar en un cielo sin dueño. Mis miradas y pasiones se entrelazan en un torrente incesante de inquietud. Frustración. Una hilera de

preguntas sin respuesta. Y mientras tanto... TÚ. Y lloro mientras vago por tu risa.

Y no encuentro el laberinto que me lleve al oasis de tu cuerpo. Porque no existe.

Eres un espejismo congelado en mi memoria. Una llave que abre una puerta donde no hay salida. ¿La hay? No. Es imposible.

Y despierto. La lluvia recorre mi cara pálida de sueños, ilusiones y fracasos. No busco, no encuentro.

El beso de la soledad me envuelve, me consume su olor a sangre.

Y después...

Sólo el sino lo sabe.